Hoy Oihane cumple un año. Gracias

20 de Julio del 2016

Hace un año nació Oihane en un parto que recuerdo como la experiencia más intensa y emocionante de mi vida.

Un gran trabajo en equipo entre Juan, Oihane y yo.

El primero de ellos que hicimos todos juntos y que dio como resultado que nuestro bebé "viniera nadando" hacia nosotros.

La prueba final de que realmente dentro de esa tripa y tal y como afirmaban las ecografías había una persona, que en ese momento nos miraba con curiosidad, como nosotros a ella.

 

El embarazo me lo tomé como un master preparatorio, leí 'todos' los libros, artículos, relatos, vi documentales.

Todos ellos me reafirmaban en la idea de tener un parto natural, rodeada de personas que respetaran ese momento que nos pertenecía. 

 

Llamé a Amanda una vez ya creía que "me lo sabía todo".

Ella nos dio la confianza, pautas y me ayudó con mis miedos. El mayor de ellos, que tuvieran que inducirme, cada vez se hacía más probable mientras pasaban los días después de la Improbable Fecha Probable de Parto.

Acudió a mi llamada de 'hazme lo que sea', y lo hizo.

 

Acunamos a Oihane con un rebozo mexicano, y al de poco más de un día empezó todo. 

 

Llegamos al Hospital de Torrejón 12 horas después de detectarme una fisura en la bolsa, con pequeñas contracciones y siguiendo las indicaciones de Amanda para comprobar que tanto nuestro bebé como yo estábamos bien mientras descansábamos en casa esperando el momento.

Cuando llegamos a monitores nos informaron de que no estaba de parto, y me daban 12 horas más para que este empezara.

Una sesión más de rebozo aceleró e intensificó las contracciones, y aunque no se creían que ya me había puesto de parto, lo hice.

Cuando mi matrona del hospital entró por la puerta con una dulce sonrisa indicándome que era la hora de comenzar con la inducción yo la miré y pensé, '¡como no haya borrado el cuello del útero me pongo la epidural!'. Después de ver una de las últimas contracciones más duras que recuerdo me miró y me pidió realizarme un tacto, el primero, para ver como iba. Estaba de 6 cm, ¡me pido la bañera!.

 

No llevé muy bien la monitorización previa a la bañera así que cambié de opinión pero afortunadamente la matrona no me hizo mucho caso y me llevaron a la bañera una vez comprobaron que todo estaba bien, menos mal.

Uno de los mejores momentos que recuerdo fue notar como el agua caliente relajaba mi musculatura cansada y dolorida. Me dormía entre contracciones, y durante las contracciones gritaba un poco de todo.

¡Ya se le ve la cabeza! me decían. 'Y si se le ve la cabeza... ¡Por qué no me lo sacas!' les respondía.

Al final y viendo que no pensaban sacarme al bebé decidí hacerlo yo, empujé, y empujé y noté como nacía mi bebé.

Juan siempre a mi lado, sujetándome, vimos juntos como nuestro bebé venía nadando hacía nosotros.

Dicen que la llevaba una matrona, pero yo creo que ella lo hizo sola, nadando en busca de sus padres.

El alumbramiento natural se produjo según me levanté para salir de la bañera.

Y fuera de ella nos confirmaron que nuestro bebé era ¡una niña!

 

Todo estaba bien, me di una ducha y nos dormimos los tres, había sido un día largo y nos lo merecíamos.

 

Desde ese día siempre dormimos los tres juntos.

Todos los días es lo primero y último que veo.

Sonrío al acordarme del día en que nació, y así se lo contaré a ella. Que nació junto a su padre y su madre entre risas, sonrisas, algún que otro grito y que lo volvería a hacer hoy mismo.

Que sepa que si quiere podrá parir como le parieron a ella y que será una experiencia emocionante, intensa, preciosa, rodeada de amor, de fuerza y sin miedo.

 

Muchas gracias Amanda por ser parte de todo esto.

 

Agurtzane

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