Parto de Valeria y nacimiento de Laura

7 de Julio del 2016

A mitad de abril, embarazados de 6 meses, decidimos empezar a ver a Amanda para prepararnos para el parto.

Yo ya estaba haciendo un curso de la seguridad social, pero queríamos hacer algo juntos, José Luis y yo, y sobre todo queríamos informarnos sobre lo que significaba tener un parto respetado y natural.

Yo, acostumbrada a bailar y moverme mucho estaba, desde el principio, orientada a querer sentir mi cuerpo durante el parto y tenía miedo a la idea de bloquearlo con la epidural.

Fue gracias a todas las informaciones que recolectamos, las que nos dio Amanda y las experiencias que nos contaron amigos, que decidimos cambiarnos de hospital y pedimos traslado a Torrejón. Además, decidimos contratar el servicio de dilatación en casa con Amanda y que nos acompañara en el parto en el hospital.

 

Y así llegó el día 6 de junio... me fui a clase de pilates y volví rápidamente a casa porque llegaban mis padres de Italia. Faltaban 10 días para la fecha prevista para el parto, pero mi padre estaba convencido que la niña nacería el día 7...


Ese mismo día, antes de irme a la cama, noté que había perdido el tapón mucoso.

Consulté Amanda, que me confirmó que probablemente era eso y me dijo: “ ya va quedando menos”.

Pensando que simplemente era una indicación de que podían quedar días parto me fui a la cama.

Una media hora más tarde empecé a tener molestias en el bajo vientre y a estar incómoda tumbada.

Empecé a andar un poco por la habitación y a sentarme en la pelota de pilates.

En las dos horas siguientes hablamos con Amanda dos veces para decirle que no sabíamos bien lo que me estaba pasando: no creía posible que fueran contracciones, ya que la parte alta de la barriga “no se me ponía dura” y porque no dolían lo suficiente.

Fui también al baño varias veces y José Luis empezó a calcular la frecuencia y las duraciones de lo que yo no quería reconocer como contracciones.


A las 2:30 pedimos a Amanda que viniera a casa a ver qué tal iba la cosa.

Mientras tanto, por recomendación de Amanda, yo me metí en la ducha y recuerdo muy bien cómo el agua caliente me ayudaba a aguantar las molestias.

Amanda llegó y comprobó muy pronto que estaba ya dilatada 8 cm.

Cogimos la maletas y salimos rumbo al hospital.

Desde el coche Amanda llamó al hospital informando de que íbamos para allá y preguntó si estaba libre el paritorio con bañera.

A las 4.30 llegamos al hospital, nos registramos y nos acompañaron al paritorio.

El matrón del hospital, Antonio, me pidió el plan de parto y me explicó que antes de poder entrar en la bañera tenía que estar conectada un ratito a los monitores.

Pasé ese rato en la ducha y luego me metí en la bañera donde empecé a tener ganas de empujar. Creía que no estaba empujando bien, pero Amanda y Antonio me dieron confianza y me dijeron que siguiera así, que lo estaba haciendo fenomenal, y que faltaba menos para ver a Laura.

José Luis, siempre a mi lado me daba apoyo y seguridad, ¡fue un trabajo de equipo!

Después de una hora o así en la bañera me invitaron a salir de ella, probablemente la pulsaciones de Laura no iban como tenían que ir...


Salí de la bañera convencida de que, pasara lo que pasara, estaba en las mejores manos posibles, de que no tenía que preocuparme, y de que faltaba aún menos para ver a nuestra hija.

Fue poco más tarde que después de otro pujo me hicieron tocar el pelo de mi bebé con mi propia mano ...era verdad, ¡estaba empujando bien! ¡Podíamos hacerlo!

Miré a José Luis que estaba a mi lado, él seguro que ya estaba viendo la cabeza salir.


Fue así, tumbada de lado en la cama, con un pie haciendo fuerza en el hombro de Antonio, que di un último empujón y salió Laura.

Cuando su cuerpo deslizó en mi canal de parto sentí un placer enorme (yo que no me creía lo de los partos orgásmicos he tenido que cambiar de idea...) y pensé (y dije, creo): qué pena que no todas las mujeres puedan sentir su cuerpo en este momento, que no pueden experimentar esto dando a luz...

 

De inmediato me pusieron a Laura en el pecho para que buscara la teta.

Fue maravilloso ver cómo encontró espontáneamente mi pezón... el padre y yo nos emocionamos.


A las 7 de la mañana expulsé la placenta, sin necesidad de oxcitocina sintética, mientras Laura pasaba unos minutos piel con piel con su papá y más tarde nos pasaron a planta, sin separarnos nunca de nuestro bebé.

 

Fue así: todo natural y respetado, como yo quería... y Amanda nos ayudó a creer que era posible... fue un parto que sentimos como “nuestro” y, como dice mi marido: sin necesidad de un pinchazo pero con todas las contingencias controladas.

El personal del hospital fue maravilloso y profesional, también en los días siguientes al parto: nos sentimos respetados en todo momentos.


Una vez en casa vimos a Amanda otras cuantas veces, para controlar qué tal estábamos Laura y nosotros.

Su apoyo emocional y sus consejos fueron de gran ayuda para empezar nuestra gran aventura los tres juntos, escuchándonos mutuamente día tras día.

 

Gracias, Amanda. Por habernos ayudado en todo el proceso...

En unos años contaremos a Laura la maravillosa persona nos acompañó para traerla al mundo. 

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